“Una experiencia como entrenador de baloncesto en Finlandia” por Álvaro Cabaleiro

El 6 de noviembre de 2005, después de formar parte de uno de los mejores equipos de la historia de la NBA, Denis Rodman viajó a Helsinki, Finlandia, para jugar un partido con el Torpan Pojat Basketball Club. Anotó 17 puntos y cogió 6 rebotes en los 28 minutos que estuvo en la pista. Debió de haberles hablado muy bien de la experiencia a sus ex-compañeros de los Bulls porque, 3 años más tarde, Scottie Pippen cruzó el Atlántico para vestir la misma camiseta en dos partidos. En el Torpan Pojat, club donde jugaron los dos NBA y que actualmente tiene equipo masculino y femenino en segunda división, trabajé como entrenador asistente durante todo este curso.

Cuando conseguí la plaza en la Universidad de Helsinki, se me ocurrió intentar trabajar como entrenador de baloncesto por tres razones: seguir en contacto con el deporte, integrarme en la sociedad finlandesa y ganar algo de dinero. Para conseguirlo, mandé 50 e-mails, tuve 20 respuestas y 7 interesados. Desde el Torpan Pojat, que significa algo así como “la cabaña de los chicos”, me contestó Jomi, mánager del club y entrenador de los equipos infantil y cadete femenino. Me ofreció ser entrenador asistente en sus dos equipos, y acepté.

El equipo

800px-TorpanPojatLogoVL.pngEn realidad, no eran dos equipos sino cuatro: en cada categoría había un primer equipo, que jugaba en segunda división nacional, y otro que jugaba en regional. Como en España, existe la promoción de jugadoras: algunas participaban en los dos equipos, y algunas infantiles subían con las cadetes.

Por lo general, teníamos 4 sesiones de entrenamiento a la semana. El lunes, media hora de físico y una hora de pista con todas las categorías inferiores. Fundamentalmente se trabajaba bote y pase, pero como no se puede avanzar mucho entrenando a la vez pre-minis y cadetes, en esencia se trataba de crear espíritu de club. El trabajo durante el resto de días (las cadetes descansaban los miércoles y las cadetes, los jueves) dependía mucho del horario del fin de semana, es decir, si había partido del primer equipo o de regional, cadetes o infantiles, etc. La mayoría de los días entrenaban todas juntas, y había sesiones reservadas o bien para trabajo específico del primer equipo o para tecnificación de las jugadoras que más lo necesitaban.

Durante la temporada, el grueso de los entrenamientos consistía en jugar. 2×2, 3×3, situaciones de desventaja en contraataque, 5×5 con distintas normas, etc. Siempre intercalando ejercicios de tiro. Además, absolutamente todos los ejercicios estaban orientados a llegar a un número determinado de algo, es decir, si jugábamos era hasta que un equipo metiera X puntos; si hacíamos tiro, hasta que alguien anotara Y canastas¸ trabajando técnica individual, hasta que una jugadora enganchara 5 crossovers seguidos, etc. En casi ningún entrenamiento se ha hecho, por ejemplo, tiro libre para recuperar. Y si ocurre, es con el fin de hacer un número determinado de tiros por jugador o equipo, nunca durante cierto tiempo. Visto con perspectiva, creo que esto tiene que ver con el carácter práctico de la sociedad finlandesa.

En cuanto a la táctica, nuestros equipos tenían un sistema de juego libre con algunas normas. Por ejemplo: si paso a la esquina, voy a hacer bloque directo; si el balón viene desde la esquina a la posición de alero, el balón tiene que llegar hasta el otro lado. Al principio, me llamó mucho la atención la poca movilidad de las jugadoras: pasaban y se quedaban quietas. Si en España el pasar y cortar es el fundamento del baloncesto base, aquí no se le da tanta importancia. De hecho, la segunda palabra que aprendí en finés después de “moi” (hola), fue “leikka” (corta); y, en los primeros partidos que dirigí yo solo, el 70 por ciento de lo que dije fue esa palabra después de cada pase.

Yo entrenaba en inglés. En Finlandia empiezan a estudiarlo alrededor de los 11 años, y absolutamente todas las jugadoras me entendían. Unas mejor que otras, y las infantiles con más dificultad, pero pude perfectamente dirigir entrenamientos y partidos yo solo. El hecho de que, como en Portugal, no doblen las series y películas extranjeras hace que estén acostumbrados al idioma desde pequeños. Además, en Finlandia hay dos idiomas oficiales (finés y sueco) que son muy distintos entre ellos y que los finlandeses aprenden en la escuela, lo que estimula su capacidad aprender nuevos idiomas.

El club

La estructura de la mayoría de los equipos en Finlandia es de club privado, apenas hay colegios con equipo propio. Cada club está asociado con un área geográfica concreta (ciudad, región o incluso barrio), y sorprende la calidad de todos los pabellones. En toda la temporada, no he visto ninguna pista que no fuera de parqué, y las instalaciones son espectaculares: calefacción, reloj de posesión, marcador electrónico, etc.

Cada equipo dentro del club tiene un mánager, que se encarga de preparar las actas de los partidos, inscribir al entrenador y a las jugadoras, preparar el pabellón, etc. En mi club, este rol lo ocupaba la madre o padre de alguna jugadora. Los padres también cocinaban tartas o bizcochos que vendían en los partidos, igual que café, zumo, etc. Las ganancias iban para el presupuesto del equipo. Y no solo esto. Además, el trabajo de mesa durante los partidos lo hacen también los padres del equipo local, sin recibir remuneración alguna. En los partidos de Segunda Nacional (infantil y cadete) no es algo tan sencillo, porque también hay que llevar una hoja de estadísticas completa (asistencias, rebotes, tiros, valoración, etc.) que, después de cada cuarto, se les entrega a los dos entrenadores. Además, en muchos partidos (esto depende del equipo local, nosotros no lo hacíamos nunca, y menos mal) se premia a un MVP de cada equipo.

Las jugadoras, aunque jóvenes, son muy independientes y responsables. Una tradición que me sorprendió fue que cada una tenía su propio balón. Lo llevaban a los entrenamientos y partidos, y eran responsables de él: mantenerlo en buenas condiciones, que no se pierda, etc. En el caso de Torpan Pojat es un hábito muy práctico: cada día de la semana entrenábamos en un pabellón distinto, y es una preocupación menos para el entrenador.

También relacionado con la responsabilidad de las jugadoras y, en consecuencia, la liberación de trabajo para el entrenador, están los calentamientos antes de los partidos. Las jugadoras se organizan solas. Nada más llegar, siempre esperan a que estén todas las convocadas y salen a dar un paseo juntas. Luego, ya en la pista, saben perfectamente el orden de los ejercicios que tienen que hacer y, si quiere, el entrenador puede llegar 3 minutos antes para simplemente dar una charlita y elegir el quinteto inicial (he visto entrenadores rivales hacerlo).

IMG_1997.JPG

Durante toda la temporada me sorprendió el respeto con el que me escuchaban las jugadoras. Mucho más del que se merece un jovenzuelo erasmus de 22 años. Me imagino con su edad escuchando órdenes de un extranjero que, con melenita rizada y un inglés lastrado por prejuicios en la pronunciación, intercala palabras en mi idioma (cortar, defensa y cerrar el rebote es hasta donde ha llegado mi finés) a la vez que intenta hacerlo de manera distendida y cordial porque se da cuenta de sus propias limitaciones, y me entra la risa.

En el momento de escribir estas líneas, me quedan dos semanas para volver a España. No sé si lo hago siendo mejor entrenador, o sabiendo más de baloncesto. Sí tengo claro que haber formado parte de Torpan Pojat durante todo un curso me ha servido, en primer lugar, para conocer los engranajes del baloncesto finlandés. Estoy seguro de que, en unos años, al ritmo que se entrena y los recursos que están invirtiendo en el deporte, estarán a la altura del mejor baloncesto europeo. Pero lo más importante ha sido la oportunidad para integrarme en la sociedad del país. Es muy difícil, haciendo un Erasmus, salir de la dinámica de clases, eventos y visitas constantes. Es una vorágine que te absorbe casi por inercia y en la que acabas encontrándote muy cómodo. Gracias a la experiencia como entrenador de baloncesto tuve la oportunidad de enriquecerme de una manera más amplia: pude entender cómo se relacionan los finlandeses entre ellos, su pragmatismo, costumbres y preocupaciones.

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